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Historia de la seducción y el cortejo

En la época estival se tiende a publicar temas más “ligeros”, como los llaman. Yo he decidido presentar uno de ellos, pero añadiendo un matiz muy relevante, su historia.

¿Cómo han cambiado a lo largo del tiempo los conceptos seducción y/o cortejo?

Con el paso de los siglos muchos conceptos van adoptando diversas maneras de ser representados y buscar esas diferencias no solo nos muestra el hecho concreto, sino que es producto, y origen a la vez, de un “modo de entender y hacer” de la cultura en la que la sociedad está inmersa en ese determinado punto espacio-temporal. Es más, suele dar respuesta a acontecimientos pasados, presentes y bastante frecuentemente, permite vislumbrar el camino frente al que nos hallamos. Quizás por eso, recorrer la línea del tiempo en busca de la evolución como sociedad me resulta tan apasionante.

En este caso nos centramos en cómo se seducía, cortejaba o “ligaba” en diferentes momentos históricos, que por supuesto tiene que ver con el amor y su puesta en juego propia de la época abordada.

Dejar claro que no es una guía del buen amante, seductor/a ni nada por el estilo. Como decía, es más bien datos históricos culturales interesantes, que quizás hasta puedan hacer reflexionar acerca de la representación de la seducción en diferentes ámbitos como en la literatura, cine, música, etc.

Me ha parecido que la manera más sencilla de seguir el hilo sea cronológicamente.

Antes de meterme de lleno en la cuestión, cuando hablo de este tema, me gusta dejar un pequeño apunte que haga pensar más allá del propio ser humano. En la naturaleza hay seducción desde el principio de los tiempos, y con ello digo que no es algo exclusivo del ser humano, es decir, aunque pueda pasar desapercibido y no sea algo reflexivo por parte de las plantas y animales, en ellos también hay procesos con los que resultan atractivos. Algún ejemplo de ello es:

  1. Los animales macho generalmente, aunque también algunas hembras, cortejan al opuesto antes del apareamiento. Pensemos en el pavo real cuando despliega su espectacular plumaje colorido.
  2. Las plantas en cierto modo también. Ofrecen sus frutos y flores a quien quiera comerlos y deleitarse con su sabor y/o belleza.

Ahora ya sí, hablemos de la historia de la seducción y el cortejo. Voy a ir ejemplificando a través de obras literarias fundamentalmente que han llegado a nuestro tiempo y que permiten conocer la época en que fueron creadas.

  1. En la época de los dioses podemos rescatar una gran cantidad de Mitos griegos.
  • Zeus: padre de los dioses. Rige el universo, interviene en los conflictos humanos y a pesar de su poder no puede ignorar los encantos femeninos. Es por ello por lo que elabora planes para conquistarlas. Usa disfraces para lograr sus conquistas y entregarse a la lujuria en el olimpo. Llega a adoptar el disfraz de un marido ausente para conquistar a la hermosa muchacha de la que se ha encaprichado y detiene el firmamento y una noche hizo que durara aproximadamente tres veces más. Es la famosa aventura entre Zeus y Alcmena, fruto de la cual nació Hércules. Europa y sus amores con Zeus también forman parte del legado pues han sido representados en pinturas, esculturas, literatura, etc.
  1. En la Religión.

En el Antiguo Testamento podemos encontrar el “Cantar de los Cantares”. Es un texto cargado de una enorme sensualidad y erotismo. Sí, sí, en la Biblia.

Trata de dos amantes separados que se desean y aman profundamente y así lo manifiestan con un sinfín de metáforas sugerentes. No se sabe si data del X o IV a.C.

La iglesia hace una interpretación alegórica del mismo (Dios el esposo y la esposa es la Iglesia).

Os invito a leer algún fragmento de dicho texto que podréis encontrar fácilmente haciendo una búsqueda sencilla en Google, para poder opinar con conocimiento.

  1. En la época del Imperio Romano.
  • Catulo año 84 a.C, es considerado uno de los grandes poetas de la época, aunque también definido como un calavera, un libertino que describía el disfrute y diversión con actos sexuales escandalosos, pero con gran belleza poética.
  • Ovidio (43 a.C – 17 d.C), autor de la obra “Ars Amandi (El Arte de Amar)” catalogada como la más importante en lo que este arte se refiere. Es considerada un exhaustivo manual de conquista amorosa. Tiene sección masculina y femenina con consejos adaptados a ambas. Cómo han de vestirse los sujetos, a qué espacios públicos o eventos acudir para que tenga lugar un encuentro afortunado, cómo comportarse en diferentes circunstancias, etc.

Sin dudarlo, os animo a buscarla y echarla, como mínimo, un vistazo porque seguro que algunos “consejos” os parecerán de lo más actual y familiar.

  1. En la edad media (s. V – s. XV)

Es preciso comenzar hablando del Amor Cortés, que es el movimiento cultural artístico que surge para luchar contra el poder establecido, en el cual los matrimonios de conveniencia son la norma, sin embargo, este movimiento reclama el deseo de amarse y expone la realidad de que el amor no entiende de razón ni conveniencia.

Aparecen las figuras de trovadores y juglares. Los primeros son de condición noble y cultos, siendo los propios autores de los relatos. Los segundos proceden de un estamento más humilde y no gozan de demasiada cultura, a menudo no sabían ni escribir.

Recitan o cantan a la amada o conquista de un modo sincero, noble y caballeresco. Suele ser un amor secreto, prohibido, pero puro. De hecho, lo consideran el amor verdadero ya que, en este tiempo, como ya he comentado, los matrimonios suelen ser por conveniencia, arreglos familiares preestablecidos, y, por tanto, el amor no suele formar parte del enlace.

El objeto de amor es una mujer poderosa y refinada, generalmente perteneciente a la élite social. Y el enamorado se declara vasallo de su señora.

Dado que es un amor adúltero, el poeta suele usar pseudónimos para referirse a su amada.

Por todo ello, hablamos de un amor paciente, aunque intenso y profundo. Y pese a la inaccesibilidad de la amada por estar casada, no supone una perdida de interés sino de aceptación del sufrimiento por no poder poseerla. Podríamos pensar que se trata de un amor platónico, pero no es el caso, tal como he mencionado, se considera el amor verdadero.

En esta época también encontramos los Libros de Caballerías. En este caso son héroes que relatan sus peripecias y aventuras, hazañas militares y amorosas para captar la atención de la amada. Amadís de Gaula es una de las obras más famosas de la literatura medieval.

Así mismo encontramos El Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita (Juan Ruiz) que viene a ser una especie de curriculum vitae amoroso o de conquista.

  1. Renacimiento: En Italia en el s XIV y s. XV en el resto de Europa.

El amor sigue ennobleciendo a quien lo practica como en la Edad Media, sigue habiendo un uso refinado y culto del lenguaje, respeto hacia la dama, sentimientos puros, pero reaparece la sensualidad y picaresca de los desenfadados y frívolos dioses griegos y romanos. El engaño y las tretas para conseguir el objeto de deseo son aceptables.

La Celestina (La Tragicomedia de Calisto y Melibea) es una de las obras que representa este periodo.

También se mantienen los rasgos caballerescos como uso de metáforas y símbolos militares. Descripción de heroicidades y logros que presenten al enamorado como alguien digno de ser amado.

  1. Barroco: s. XVII

Si reflexionamos sobre la característica principal de este tiempo observada en las artes en general y la arquitectura de edificios históricos conservados, sería el gusto por todo lo recargado.

En el caso de amor y la expresión de este no podía ser diferente. El estilo es muy recargado y elaborado, hay poca o ninguna cabida a lo espontáneo y desenfadado de la época previa.

El amor es entendido como algo serio, trascendente y que va más allá de la muerte. De ahí que el modo de seducir y cortejar sea tan refinado, culto y trabajado.

Algunos de los máximos exponentes son Francisco de Quevedo y Luis de Góngora.

Hay que mencionar la obra de Tirso de Molina “El Burlador de Sevilla”. Comedia de enredos amorosos en la que la iniciativa suelen tomarla las mujeres y quizás por ello el protagonista Don Juan Tenorio tenga una historia y fin tan diferente del que escribiese posteriormente José Zorrilla. Hay quien habla de una actitud feminista la que se puede observar en esta comedia. No está muy claro si se ajusta a la realidad en algún estrato o grupo social, lo que está claro es que en la mente del autor sí existía.

Por otro lado, también merece mención “Memorias de Casanova” cuyo texto es otro curriculum vitae amoroso de uno de los mayores seductores y “libertinos” del siglo XVIII.

  1. XIX y XX.

Al igual que sucediera unos siglos atrás con el Amor Cortés, en este siglo surge otro movimiento cultural y artístico, que lucha igualmente contra el poder y la estructura social que hay establecida, el Amor Romántico.

 El Amor Romántico nace como crítica y alternativa a tanta racionalización matrimonializada. Los sujetos reclaman el deseo de compartirse con quienes aman y no con quien les conviene. Afirman que la base de la unión entre dos sujetos es la puesta en juego de sentimientos y subjetividades. Y es que es en este siglo cuando el pensamiento en el individuo comienza a tomar forma y presencia.

Aunque entran con fuerza la razón, la ciencia y lo objetivo para contraponerse a creencias basadas en la superstición, magia o religión, hablando del espacio de las intimidades, por supuesto, surge la cuestión de que, no obstante, lo que se mueve con el amor no es la razón, del mismo modo que no lo era tampoco la magia. Ninguna de las estructuras vale para responder a la cuestión ya que la realidad es que el amor lo componen fundamentalmente sentimientos internos y subjetivos de cada uno.

Teniendo lo previo en cuenta, en la primera mitad del siglo XIX el amor puede ser algo obsesivo, incluso perjudicial hasta la muerte, se considera que es un sentimiento tan profundo, exaltado y desgarrador si no hay correspondencia, que aquel que lo sufre puede perder la razón. De hecho, la literatura acompaña este entender en manos de Werther como prototipo del romanticismo y Bécquer del sentimentalismo.

En la segunda mitad del siglo XIX, se rebaja la intensidad del sentimiento y trae la razón al primer plano para imponer cierta calma.

Una de las piezas claves de este periodo es “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla. Quizás es aquí donde toma la relevancia y consideración que tiene hoy cuando se dice de alguien que es un “Don Juan” queriendo dotar al sujeto de características como conquistador, galán, fanfarrón o embaucador, etc.

No obstante, a partir del s.XX es donde se percibe un cambio más importante social y culturalmente en lo que respecta a la conceptualización de la seducción, pero no del concepto del amor romántico. De hecho, hay que señalar que pese ha haber sido maltratado dicho amor porque parece ser el origen de muchos males, deberíamos entenderlo como aquel que nos ha posibilitado que hoy en día estemos con aquellos que deseamos y las imposiciones de enlaces ya no formen parte de nuestra historia actual. Otra cuestión sería el modo en que se “hace”. Es una cuestión que merece una profunda reflexión.

Volviendo a la seducción, el cambio en el s.XX se ha producido, entre otros motivos, por al acceso de la mujer al mundo laboral y académico, lo cual ha conllevado la ruptura de la división entre el plano privado y público que diferenciaba a hombres y mujeres previamente. Es por ello por lo que parte de los roles asignados a unos y otros ven diluidos sus límites hasta perderlos de vista. La consecuencia final es una sociedad mixta, que persigue la igualdad y la convivencia de los sexos, donde evidentemente todos conquistan, ellos y ellas. Ambos pueden decidir ser sujetos y objetos en tanto en cuanto cada cual desee. Si bien es cierto, algunos sectores radicales de la sociedad prefieren erradicar los gestos y ritos galantes por una parte y la seducción en depende qué modos por otra, antes que buscar el equilibrio en el que puedan convivir dichos conceptos.

A pesar del panorama un tanto complejo para ejercer la seducción, en pleno s.XX nació un “amor” cuya base está en la amistad, donde nadie ha de deslumbrar a nadie para la conquista salvo con los actos más honestos como ofrecer amistad, respeto y compañerismo en la convivencia diaria. El escritor Mario Benedetti es quien mejor refleja este tipo de amor-amistad que conlleva un modo de seducir tranquilo, cercano, y si se me permite de cierto “colegueo”.

Hay quien piensa que estos ingredientes (amistad, respeto, compañerismo…) NO son la base de la receta del amor. Y efectivamente están en lo cierto.

Debido a, como he comentado unos párrafos atrás, que se culpabiliza al amor romántico de muchos males que acontecen, la opción de respeto y amistad como ingredientes básicos parece infinitamente mejor y por ello se bombardea desde todos los ámbitos, como si esa fuese la solución a algo que nada tiene que ver con el amor, aunque una y otra vez, le metan dentro de la ecuación.

Pero la realidad es que la base de toda relación amorosa es el deseo y no otra cosa.

 Para concluir diré que en pleno siglo XXI estamos ante el Amor Sexuado, que es aquel en el que los sujetos buscan amarse por el hecho de sexuado. Me encantará hablar de ello, pero ya en otra ocasión.

 

MSonia Ruiz.

 

 

 

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