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¿Qué nos hace atractivos o deseables? Capital erótico y Erótica del poder.

Recientemente he leído “Capital Erótico. El poder de fascinar a los demás” de la doctora en Sociología y profesora en la London School Economics, Catherine Hakimm. Libro que tenía ganas de leer ya que generó bastante revuelo y que efectivamente no deja indiferente. Merece la pena leerlo por el simple hecho de que hace reflexionar sobre aspectos que parecen prohibidos en la esfera social actual. Pues bien, he de decir que me ha parecido muy interesante y hasta cierto punto revelador. Ello me ha animado a escribir sobre el tema.

La base de lo revolucionario o controvertido que ha resultado dicho libro es la crítica que hace sobre el por qué a los sujetos se les ha de valorar por activos como la inteligencia, su formación o educación, pero en ningún caso por su belleza. La autora defiende en este libro que la belleza y el capital erótico en general, puede ser valorable como cualquier otro activo y por tanto explotarse en tanto en cuanto el sujeto desee.

Cuando estaba leyéndolo me traía a la mente el concepto de “erótica del poder”, algo que está muy presente en el discurso social y que está definido por una serie de características que a quien las posee, le confiere atractivo.

La distancia entre uno y otro concepto es considerable ya que el capital erótico habla de la belleza, atractivo sexual, atractivo social (don de gentes, encanto o facultad para caer bien), vitalidad y/o energía, presentación (modo de vestir, imagen y adornos varios) y competencia sexual como elementos que lo conforman, todo ello según Catherine Hakimm. La erótica del poder nos dirige más al concepto de éxito como resultado feliz de un negocio, actuación, fin o terminación de un negocio o asunto. También estaríamos hablando, en el caso de la erótica del poder, de la buena aceptación, valoración, reconocimiento y respeto que tiene alguien social y popularmente, de la capacidad para destacar por encima de la mayoría y que suele estar relacionado con una buena economía. Bastante a menudo el sujeto atractivo por su éxito/poder, también posee algunos de los elementos que ya he comentado que conforman el capital erótico.

Comenzaré hablando del primero de los conceptos. Según la autora, todos los elementos del capital erótico pueden ser trabajados y reforzados, incluso la belleza que se le supone un activo que viene de serie (por genética). Por tanto, pueden explotarse para la consecución de objetivos. Gozar de capital erótico genera ventajas de cara a muchos ámbitos de la vida como la personal y familiar, social, la política, los negocios, etc.

Ahora bien, seguro que todos hemos leído u oído en algún momento cómo ha cambiado el canon de belleza y el concepto de atractivo dependiendo del momento histórico o del punto geográfico donde se encuentre la sociedad. En un tiempo determinado son las mujeres voluptuosas las atractivas y unas décadas después lo son las esbeltas con pocas curvas. Igualmente podemos encontrar momentos históricos en los que el varón fornido y de vello abundante es el modelo considerado atractivo y unas décadas después lo es el “metrosexual” (popularmente se asocia a “(varón) que se preocupa por tener una imagen cuidada y moderna y está atento a las últimas tendencias”.) Y podríamos poner una larga lista de ejemplos de lo cambiante que puede ser este concepto. No obstante, me voy a centrar en la actualidad y quizás alguna breve comparativa con décadas previas cercanas.

¿Qué nos hace atractivos hoy en día?

Tanto el capital erótico que se posee, como las características relacionadas con el poder/éxito o los conceptos asociados a los roles establecidos para la definición de lo que es ser mujer o varón en un tiempo y espacio determinado, son clave a la hora de ser considerado más o menos atractivos. Pero hay que decir que no únicamente.

También va a depender del sujeto deseante (he aquí la clave, el concepto DESEO) pues aporta su propia esencia que dirige su interés más hacia unos conceptos que otros. No podemos obviar que el deseo no es algo lógico que se pueda programar, sino un sentimiento, impulso, apetencia o gusto por un objeto (sujeto) determinado. El deseo no se puede construir, el deseo está o no está.

Una vez puntualizado esto, Voy a enumerar algunas de esas características comunes que social y culturalmente se consideran atractivas en los sujetos.

  • Belleza. Al fin y al cabo, se considera la carta de presentación.
  • Inteligencia. Como la capacidad de adaptación a diferentes situaciones.
  • Sociabilidad. Que se pueda mantener conversaciones fluidas y puntos de vista interesantes.
  • Sentido del humor. Los momentos de risa son muy valorados.
  • Seguridad y confianza en uno mismo.
  • Actitud. Por una parte, ha de ser presentable en sociedad. Se necesita la aceptación del entorno. Por otra parte, proyectos y proyecciones, fantasías, metas, objetivos que son comparadas con las de uno mismo en la búsqueda de similitud.
  • Cultura. La inquietud por la cultura/artes (literatura, pintura, música, teatro, etc.) cada vez es más tenido en cuenta y valorado como muy atractivo.
  • Independencia. Tanto varones como mujeres resultan atractivos en tanto en cuanto muestran una alta capacidad para dirigir su vida y satisfacer sus necesidades sin depender de terceros. Con espacios propios de trabajo, ocio, relacionales, etc. Esto en el caso de las mujeres, es un cambio respecto a no hace muchas décadas donde a la mujer prototipo se la ubicaba en el plano privado (doméstico) cubriendo las necesidades de la familia (cuidadora) y dependiendo en la mayoría de los casos del sueldo principal de la pareja. En el caso de que trabajase también fuera del hogar, solía considerarse un entretenimiento que “ayudaba” a la economía familiar.

Retomando el DESEO, concepto que previamente exponía, se puede visualizar una diferencia apreciable con el de ATRACCIÓN. Es importante matizar esta diferencia ya que el primero es inherente al sujeto y el segundo es en cierto grado una construcción social y cultural. Si bien es cierto, el deseo también puede verse influido hasta cierto punto por otras construcciones que tiene que ver con el momento histórico en el que se encuentra y por su parte la atracción, también va a depender del sujeto.

Es interesante, por tanto, saber cribar entre lo que es propio y lo que es “imposición” o adoptado de la sociedad y momento cultural que se vive.

Si solo se mide la valía por los logros alcanzados, en la búsqueda de la validación de lo que sea que se considere éxito socialmente en ese momento, se corre el riesgo de estar perdiendo de vista la esencia y deseos propios y acabar viviendo la vida de otros. Es vivir siempre a la sombra de lo que está bien considerado en vez de lo que uno desea. Creo que es más inteligente y saludable explorarse libremente para ser quien se es y se quiera ser. Y para saber qué camino se desea transitar y el modo en el que se quiere hacer.

En definitiva, la idea es profundizar en uno mismos, con crítica personal para buscar la línea que llevará a satisfacer esos deseos que nos identifican y caracterizan por encima de esos deseos construidos por otros.

Os dejo una cita de Séneca para reflexionar.

“El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo”.

MSonia Ruiz.

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